martes, 11 de noviembre de 2008

De Nueva York a Roma y viceversa

El andar a trompicones, sin importar realmente donde vayamos, tan inmerso en una conversación de las que a mí me gustan, sabiendo que mi boca no le pide permiso a mi cerebro para hablar, con la percepción de las circunstancias totalmente alterada, riendo sin mirar, viendo sin juzgar, callando por si lo hemos hecho bien y tan tranquilo como tomando un carajillo de los de antes.

2 comentarios:

demuxoscolores dijo...

¿Qué mas puedes pedir?

A veces lo mas sencillo nos llena tanto que no necesitamos nada más...

Perdona por pasar tan poquito, es que tengo un poco abandonado el blog y a los blogueros! :)

Besicos!

Anónimo dijo...

yo tb te kiero brujo mio!
amparo